Arte
El bazar del sur: cambiar qué hay, no cómo se ve
La última pasada sobre la ciudadela no toca el acabado: cambia el contenido. Caballeriza y gallinero al oeste, rejas en las puertas y siete puestos abiertos donde había talleres cerrados.
La ciudadela ya estaba pintada e igualada. Esta última pasada no toca el acabado: cambia el contenido.
El muro oeste gana una caballeriza y un gallinero donde había una casa larga y un pozo, las puertas norte y sur estrenan rejas, y el sur se convierte en un bazar de siete puestos abiertos en lugar de talleres cerrados.

Son cambios pequeños sobre el papel y grandes sobre el terreno: un sitio con mercado, corrales y animales se siente habitado; uno con talleres cerrados, no. Un taller cerrado es una fachada; un puesto abierto es alguien trabajando.
Y así queda el sitio donde empieza el juego:

El alcance
Sobre el terreno son unos 149 × 84 metros de mundo, y se recorren enteros. La regla de trabajo fue una sola: manda el dibujo. Las colisiones no se colocan a ojo, se miden sobre la imagen; si en el dibujo hay un sendero que cruza un campo, ese sendero se puede caminar.
Empezamos montando el sitio con piezas y acabamos pintándolo como un cuadro, y las dos cosas hacían falta: las piezas para que las medidas fueran ciertas, el cuadro para que el sitio tuviera carácter.