Arte
El goblin: cuatro meses de espera y un día de trabajo
El concepto es del 8 de junio, la misma madrugada que el de Leo. Esperó cuatro meses a que existiera una cadena de producción, y cuando existió tardó día y medio en estar animado y peleando.
Este dibujo es del 8 de junio de 2026, a las tres y media de la madrugada. Cinco horas antes del primer concepto de Leo, el mismo día.

Leo tardó cuatro meses en llegar a estar animado. El goblin esperó todo ese tiempo sin tocarse.
Y entonces, cuando por fin hubo una cadena de producción que funcionaba, tardó día y medio.
Por qué esperó
Porque no tenía sentido empezarlo. Durante esos cuatro meses no había una forma fiable de llevar un personaje del dibujo al juego: hubo tres reconstrucciones de Leo, dos vías descartadas enteras y más de trescientas revisiones. Meter un segundo personaje en eso habría sido multiplicar por dos el problema, no avanzar.
La regla que saqué de ahí, y que me ahorró meses de trabajo tirado: el primer personaje no se hace para tener ese personaje. Se hace para tener la cadena.
El mismo camino, sin desvíos
El goblin recorre exactamente la misma ruta que Leo, y esta vez sin experimentos: concepto en pose neutra, un solo modelo maestro en 3D, rig, animación en Blender, y render de las ocho cámaras con el acabado ya aprobado de Leo.
Dos detalles que sí son suyos:
- La daga y la piedra son piezas aparte. No están dibujadas en el cuerpo: se montan al agarre, y la piedra se suelta en su fotograma de lanzamiento. Así el juego puede tratarla como proyectil de verdad.
- El veneno es un efecto independiente, no pintura sobre la hoja.
Lo que hace, y lo que eso significa
En el vídeo: marcha en ocho direcciones, el encadenado de marcha a carrera y vuelta a reposo, la embestida con su apoyo y su salto, y el daño —que no es solo el cuerpo encogiéndose, también la cara—.
Son pocas animaciones comparadas con las veintitrés de Leo, y debe ser así: es un enemigo de escaramuza. Ataca con cuchillos y piedras, emboscado en grupo. No necesita un repertorio de héroe, necesita leerse de lejos y avisar antes de golpear.
Lo que me llevo
La comparación es incómoda y por eso la escribo: el mismo dibujo, el mismo proceso, cuatro meses contra día y medio.
La diferencia no es que ahora sepa más. Es que la segunda vez existía un camino y la primera había que abrirlo. Todo lo que parecía tiempo perdido con Leo —rediseñar tres veces, tirar dos vías enteras— era el precio de este día y medio, y de los que vengan después.
Quedan doscientos cincuenta y dos monstruos en el bestiario. Ahora ya sé lo que cuesta cada uno.