Arte
Pintar la ciudadela: igualar es más caro que dibujar
El diseño estaba; faltaba pintarlo a la resolución a la que se juega. Ahí apareció el trabajo de verdad: tramos nítidos junto a tramos emborronados, sombras pintadas que el motor no puede mover, y una lista de errores sueltos.
El diseño estaba. Faltaba pintarlo a la resolución a la que se juega —la ciudadela son 4915 × 3276 px a 50 px por metro— y ahí apareció el trabajo de verdad.

Lo que fallaba: no todo estaba pintado con el mismo cuidado. Al acercarse aparecían tramos nítidos junto a tramos emborronados —la mitad oeste de la plaza era el caso más claro— y a la distancia a la que se juega eso canta: unas zonas tienen suelo y otras parecen un manchón.
La segunda pasada rehízo el detalle pequeño sin tocar la composición. A la izquierda el original, a la derecha la revisión, al cien por cien:


Las sombras que no se pueden pintar
También había que quitar las sombras pintadas. La luz del día y de la noche se hace en el motor, así que una sombra dibujada encima se queda fija a mediodía y a medianoche: el sol se mueve y la sombra no, y el ojo lo nota aunque no sepa decir qué falla.
Esta, sobre el agua a la salida de los arcos del puente, fue la última en caer:

Y luego, los errores sueltos
Que son los que comen las horas: un escudo que apareció donde no debía, un cobertizo que perdió un remate de madera del tejado al repintarlo, una ribera con el grano demasiado grueso y un edificio del este cuyas tejas cambiaban de tamaño de un lado del tejado al otro.
Ninguno de estos es difícil. Lo difícil es encontrarlos, porque hay que recorrerse la imagen entera al cien por cien sabiendo que el fallo que se te escape lo va a ver un jugador.
Lo que más tiempo costó no fue dibujar la ciudadela. Fue igualarla: que la esquina que nadie mira esté tan cuidada como la fachada de la catedral.