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Arte

Un catálogo antes que un escenario

El primer intento del sitio donde empieza el juego no fue un escenario: fue un kit de piezas. Una muralla, una torre, dos casas, un pozo. Y Leo en un rincón, porque todo se mide contra él.

Kit de piezas del entorno: lienzo de muralla, esquina, torre, gremio, herrería, dos casas, establo, puesto, pozo, farol y objetos sueltos, con Leo a la izquierda para dar la escala
Kit de piezas del entorno: lienzo de muralla, esquina, torre, gremio, herrería, dos casas, establo, puesto, pozo, farol y objetos sueltos, con Leo a la izquierda para dar la escala

Aquí empieza el prólogo de Leo: el primer sitio que pisa cualquiera que abra el juego. Y no llegó de una vez, llegó por capas. Esta es la primera.

El primer intento no fue un escenario: fue un catálogo. Una muralla, una esquina de muralla, una torre, el gremio, la herrería, dos modelos de casa, un establo, un puesto de mercado, un pozo, un farol, barriles, cajas, sacos, enredaderas.

Kit de piezas del entorno: lienzo de muralla, esquina, torre, gremio, herrería, dos casas, establo, puesto, pozo, farol y objetos sueltos, con Leo a la izquierda para dar la escala

Fíjate en la figurita de la izquierda del todo: es Leo, y está ahí porque todo se mide contra él. Una casa no mide «lo que parezca bien»; mide lo que tiene que medir para que Leo quepa por la puerta, para que el pozo le llegue a la cintura y para que una torre se lea como una torre y no como una chimenea.

Hacer el catálogo antes que el sitio parece dar un rodeo, y es justo lo contrario. Con piezas medidas, montar un pueblo es colocar; sin ellas, cada edificio es una negociación nueva con la escala. Y una escala que se negocia edificio a edificio no aguanta un mundo entero.

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